Más Platón y menos Prozac

Estaba yo escondida tras una cordillera de kleenex, llorando a moco tendido con la desesperación que solo el primer desamor te brinda. Ese que nunca se iba a terminar, que sería siempre maravilloso y que te haría comer perdices hasta no poder pasar por la puerta.  Entre hipo, suspiro y chorro de lagrimones, conseguí levantar la cabeza para mirar a mi padre, que estaba sentado a mi lado con un libro entre manos (para variar). Me dirigió una compasiva ojeada por encima de los lentes y me soltó: “cuando termines de llorar, lee, hija lee. Leer te lo curará todo”. Y se quedó tan ancho.

Tenía diecinueve años. Y casi diez años más tarde, tengo que reconocer que (para variar), tenía razón. Y no solo la tenía porque a mí me haya funcionado, sino porque atención: ahora se ve que mi santo padre (Dr. Bes para los amigos) fue uno de los pioneros del “bibliocoaching”. Sí, le han puesto este nombre. Y se han quedado tan anchos.

Justamente, leí el otro día (en una de estas revistas chorras que te regalan los domingos con el periódico) que la última tendencia en psicoterapia no es hincharte a Prozac como hasta el momento. Ahora resulta que lo que funciona son los libros. Manda huevos. ¡Con lo bien que sienta un antidepresivo de vez en cuando!

Será posible que después de años y años en los  que la lectura haya sido denostada, repudiada, vista como una cosa elitista, de raros, inútil; de que lo audiovisual haya substituido casi por completo toda fuente de conocimiento escrito…¿Será posible que después de que YA se hayan cumplido las profecías de Farenheit 451, Un mundo feliz y 1984, ahora resulte que los libros son los que nos van a sacar del agujero negro?

Pues sí.

Y aunque lo del bilbliocoaching de entrada me parezca una solemne memez, sobre todo por el nombre, no voy a negar que me alegro de que alguien le esté dando valor a la lectura. Lo mejor de todo, es que rebuscando sobre el tema, los expertos dicen que los bestsellers no sirven. Toma ya. O sea que: a la hoguera con los superventas y prepárense para desempolvar los CLÁSICOS. Zola contra el alcoholismo, Stevenson contra la desmotivación, Hemingway contra la depre por el paro, Austen para los problemas de amores… y no sé para qué serviría Peter Pan.

[Offtherecord: mi libro de cabecera es Alice in Wonderland: ¿creen que quizás me tendría que empezar a preocupar?]

Es decir, pasen y  LEAN.

alice

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