Amor aPPlicado

En uno de los primeros posts me imaginé cómo serían los inicios de las relaciones si tuviéramos un GPS o un mapa virtual de la persona que tenemos delante. Como un código QR que nos evitara todos los procesos de ligoteo que tanto nos gustan a algunos, y tanto disgustan a otros. Para no equivocarnos y esas cosas. Ilusa de mí: ¡un código! Apenas ha pasado un año y tenemos a disposición de nuestros smartphones-aviones toda una retaíla de apps i upps! destinadas EXCLUSIVAMENTE a ligar. ¡Con lo sutil que era Facebook!

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Insectos de compañía

Más de un año después de haber hablado del hombre-pavo (y sin tener a león alguno en el horizonte), siguen sorprendiéndome nuevos animales en la jungla de la vida. Teniendo en cuenta las fechas no es de extrañar que la fauna se ponga interesante: ya está aquí la primavera. Y además de florecer los capullos y llenarse todo de polen y estornudos, llegan los insectos. Seguir leyendo “Insectos de compañía”

Curvas peligrosas

A todos los hombres que saben amar a las mujeres

ivantriay

Adoro a los hombres. Incluso diría que tengo algunas características bastante masculinas, corroboradas por amigos y amigas varias, y conste que las considero todas virtudes.

Adoro a los hombres por lo distintos que son de nosotras y por lo mucho que se nos asemejan. Porque me parecen tremendamente bellos. Y aunque suene cursilongo, los hombres de mi vida (que por fortuna son unos cuantos) son de lo mejor que me ha pasado: nobles, con sentido del humor, buenos, luchadores, respetuosos y un sinfín de etcéteras. Será que soy suertuda, que le vamos a hacer. Seguir leyendo “Curvas peligrosas”

Dormir, tal vez soñar*

*Hamlet, Shakespeare

Un buen despertar puede depender de varias cosas. De quién se despierte contigo. De dónde hayas dormido. De lo que cenaste (o bebiste) la noche anterior. De las condiciones del entorno. O del tipo de alarma que tenga tu despertador. Todas ellas son más o menos modificables a voluntad de cada uno. En teoría, tú eliges con quien duermes, dónde lo haces, lo que cenas (o bebes) y, por descontado, la alarma que suena en tu despertador. Lo que no eliges es lo que sueñas. Seguir leyendo “Dormir, tal vez soñar*”

Más que mil palabras

Hace años que no falto nunca a la cita anual de la exposición de los premiados por la Fundación Word Press Photo. Porque me apasiona la fotografía, porque me gusta estar al tanto de la actualidad sociopolítica (o al menos intentar no sentirme una cazurra absoluta) y porque sigo creyendo en que las artes tienen mucho que hacer y que decir con respecto a lo que pasa en el mundo.

Sin embargo, a pesar de mi gran admiración y respeto por los profesionales que se lo juegan todo para poder tirar una instantánea,  este año he tenido sensaciones encontradas ante las distintas imágenes seleccionadas: Seguir leyendo “Más que mil palabras”

Manikiss

Cualquier excusa es buena para embarcar en un avión, y más si el destino es París. Suena cursi pero es cierto. Solo hacía falta sumarle a la ciudad de las bohemias una exposición monográfica sobre el desnudo masculino, que se inauguró a inicios de otoño en el Musée d’Orsay. Masculin/Masculin quiere mostrar en perspectiva la representación del cuerpo del hombre en el arte (desde 1800 hasta hoy), reivindicando su importancia frente a la preeminencia del cuerpo femenino en el mundo de las artes y de la imagen desde el inicio de los tiempos. ¡Ya era hora! Pues sí, ya lo era.

Para goce y disfrute de los amantes de la belleza en general, por fin alguien se ha hartado de tanta tontería y se propone una exposición que ilustre lo que es por un lado tan evidente y políticamente correcto, y por el otro, verdaderamente subversivo: que hombres y mujeres somos tan distintos como iguales. Seguir leyendo “Manikiss”

de Guante Blanco (o negro)

De la misma forma que nunca me pedí un Príncipe Azul, sinó que siempre me resultaron mucho más atractivos lo piratas o los caza-recompensas, recuerdo perfectamente que uno de mis juegos imaginarios favoritos era hacer de espía o de ladrona. Ya pre-púber, con doce lindos años cumplidos, me pasé meses (sí, meses) intentando imitar en el pasillo de mi casa a escondidas los precisos y sinuosos movimientos de Catherine Zeta-Jones en “La Trampa” (1999); que muy a pesar de mi yo de “arte y ensayo”, sigue siendo una de mis películas predilectas. Dejé de practicar con tensos hilos rojos hace algún tiempo, pero me ha quedado en la recámara una ambigua atracción por la ilegalidad en el mundo de mis pasiones (y por tanto de mis peligros): el arte. Robar arte con arte. Seguir leyendo “de Guante Blanco (o negro)”